Renuncia

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No quiero ser ayer, ni ser mañana.
Ni revivir la noche de los tiempos;
ni en agorera nave hacer la ruta
que me lleve irredento al tiempo nuevo.

Quiero ser hoy, y en hoy anclar mi nave
sin aproarla hacia el lejano puerto
del que he arribado con el bordaje roto
y el velamen rasgado por el viento:
Que debo restañarme las heridas
que laceran mi cansado cuerpo.

No quiero hacer derrotas que me traigan
aventuras de otras tierras, de otros cielos,
ni dejarme embelesar con cantos de sirenas
que, por seguir sus sones, me perdieron.

Quiero tenderme a popa y, en la noche,
contar uno a uno los luceros,
y al profundo del mar echar las redes
por repescar del fondo mis ensueños,
idos a pique en tantos temporales
que azotaron mi nave en el empeño
de descubrir lo ignoto y arrancar
al lejano horizonte sus misterios.

Y así un día, podré levar el ancla y dejar
mi nave a la deriva; sin gobierno
el timón; el remo adormecido.
Y que, en el crepúsculo sangriento,
en que las formas se evaden de si mismas,
derrote a los cantiles en silencio,
varando su quilla en los rompientes.
Y, una vez allí, del oleaje en el estruendo,
se haga en mil astillas, redimida
del pecado de vivir, muriendo.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.