No a la Guerra

Inicio > Poemas

Ibas a morir sin saber  por qué.
Por un lindero;
por una marca invisible que te dijeron
que separaba Patrias:
La tuya, protegida por el Cielo;
las otras, del Abismo prohijadas.

Mas, tú sólo habías visto
que las espigas doraban sus granos
al otro lado, como en la mies del tuyo;
que la lluvia empapaba tus sembrados
tal como aledaña regaba los de tus vecinos.
Enemigos te dijeron.
Que los rayos del Sol que allí caían
caldeaban por igual tu besana que las suyas;
que las mozas que, alegres vareaban
los contiguos olivares,
sonrosaban sus mejillas al mirarte,
con el mismo rubor con que se ardían las suyas,
las que contigo araban.
Y que el ruiseñor, que con sus trinos
anunciaba cada día la alborada,
de tu breval, inquieto, al del lindante,
sin aduana los moraba.

Pero un día, al despuntar el alba,
viste tus campos cercados de alambradas.
Fronteras las llamaron.
Que los colores del arcoiris,
que de siempre puentea las campañas,
ahora pintaban telas de diferentes Patrias
y que en tu breval colgado había un cartel
que, a defender lo tuyo, te incitaba.

Y descubriste con espanto
que ni en uno ni en otro breval
ya el ruiseñor moraba,
porque el grácil pajarillo,
con las alas extendidas,
crucificado estaba en la alambrada.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.