La Danza de la Muerte

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Se mueren los sabios,
se mueren los listos.
Se mueren los necios,
los disminuidos.

Se mueren los pobres,
se mueren los ricos;
los que de azul tienen
su crúor teñido,
y los que de siempre
lo han tenido tinto.

Los que tienen hambre;
los que están ahítos.

Se mueren los mansos,
los enojadizos,
los que alegres van
soñando caminos,
y los que en negruras
desvían su tino.

Se muere la rosa
y el morado lirio;
la argentada Luna
y el Sol vespertino;
y la nieve blanca,
tornándose río;
y el río en el mar
haciéndose olvido.

Muere del volcán
su ronco bramido;
del ave canora
su armonioso trino.

Y se muere todo,
porque así está escrito.

Pero nuestro amor que nació al conjuro
de nuestra inocencia, cuando éramos niños,
vivirá por siempre, por siempre, infinito.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.