La Creación

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Yo no era aún, Señor, Tú lo eras todo.
Antes que Tú, Señor, Tú mismo, eterno.
En el abismo incierto de la nada
tu infinitud dormía en el silencio.

Transcurría el torrente de los siglos,
sin alcanzarte de su curso el eco.
Pero yo sé, Señor, que en mí pensabas
desde el brote auroral del Universo.
Yo no era aún, Señor, pero en Tí estaba,
como única razón de tu proyecto.

Creaste para mí la Tierra, el Aire,
el rumoroso Mar y el Firmamento,
que poblaste de estrellas de oro y luz
para que iluminaran mi sendero.

Separaste las Aguas en dos orbes,
hendiéndolas de un tajo con tu dedo,
y en medio me pusiste erguido,
como señal de tu poder y amor a un tiempo.

Me diste libertad para elegir
y quise ser la Rosa de los Vientos:
de Norte a Sur preñarme en lontananzas,
y en el carmín del Orto hallar sustento,
para bogar al Ocaso la derrota
de mis cansados años, quedo, quedo.

Mas, nunca entenderé la causa
de que crearas para mí el Infierno,
si mi destino, al fin, era encontrarte
y en Tí fundirme para siempre, eterno.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.