Indiferencia

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Mientras ríes y ríes
con esa risa cantarina y clara,
de castañuela al aire,
que exhala aromas de azahar y de albahaca,
no sientes que a tu vera pasa
lo que queda aún no marchito
de un alma enamorada.

De un alma que se bebió un día a borbotones
el manantial de tu frescura y gracia;
de un alma triste que, por tu amor ingrato,
ya no es más que una sombra lacerada.

Y ríes y ríes y seguirás riendo
y querrás robarle la luz a la alborada,
alcanzar del Firmamento las estrellas
y al manantial beberle el agua,
cubrir tus senos con gotas de rocío
que transparenten su carne nacarada,
y al profundo de tus ojos negros,
que brillan con ebrias llamaradas,
querrás darle el hechizo de una diosa
que se envolviera en una nube blanca.

El Mundo es todo tuyo; de su corcel
las riendas tu breve mano manda
y al embrujo de tu cuerpo
el corazón del hombre se avasalla.

Mas, no serás tú, enteramente tú,
mientras de amor no viertas una lágrima.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.