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¡Cómo me dueles, amigo;
amigo, cómo me dueles!

Tu piel bruna, ala de cuervo,
en soles bruñida al temple;
si de topacio labrada,
o blanca como la nieve;
cual si de grana, o de oliva
bañada de luna fuere;
sea cual sea tu raza;
nacieras como nacieres,
si entre pañales bordados,
o en la paja de un pesebre;
tanto si cerca te tengo,
como si en mares allende,
eres mi hermano, mi amigo,
y tus dolores me duelen.

Cuando lloras a tus hijos
que en guerras absurdas mueren;
cuando te arrasan tus campos
de la barbarie sus huestes;
cuando te inmolan en aras
de credos que no comprendes,
o encadenado te arrastran
para que acates sus leyes
y con limosnas tus hambres
que se te acaben pretenden,
cuando de siglos te tienen
abandonado a tu suerte,
tus rabias son rabias mías
y tus pesares me escuecen:

Porque me dueles, amigo;
amigo, porque me dueles.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.