A la Muerte del Cisne

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Ya doblan las campanas:
es que mi cisne ha muerto.

Pobre cisne, caído
con su truncado cuello,
que antaño levantabas
sobre mi cuerpo, ardiendo
en fiebre de tus fiebres,
para robar el cielo
un poco de frescura
con que apagar sus fuegos.

Ya tus alas no baten
aquel dulce aleteo,
cuando en amor fundidos
estaban nuestros cuerpos
y todas mis entrañas
latían de embeleso,
al conjuro de un amor
que me juraste eterno.

¡Pobre cisne mío,
perdido entre los cienos!

Ya nunca serás alba,
ya siempre serás duelo.
Te han matado las ansias
de remontar el vuelo
sobre las claras aguas
de tu estanque sereno.

¡Pobre cisne mío,
con tu cuerpito yerto,
hecho de sol y nardos
y ahora sólo un sueño,
que se evadió en la nada,
que se quedó en recuerdo!

Ya doblan las campanas:
es que mi cisne ha muerto.

© Manuel Antonio Alvarez Hernández.